No desesperen si no entienden absolutamente nada de lo que hoy aquí les intente transmitir, si se lían por intentar hacerlo. No es que escriba sumergido en melancolía, ni siquiera en un momento de baja moral. Al contrario. Pero llegan días que debes de sacar los “demonios” que andan a sus anchas por el perímetro de mi cuerpo. Alguno que otro sabrá de lo que le estoy hablando y muchas de las cosas que aquí les diga tienen su transfondo.Nunca me he pronunciado en este Blog sobre el “Caso Camps”, esa trama de corrupción de Valencia según la cual el presidente de la Generalitat Valenciana recibía trajes y regalos a cambio de no sabemos qué. Francisco Camps fue exculpado ya que no se ha encontrado que los regalos que recibió, si es que eso pasó, no tienen una finalidad vinculada a una función concreta del alto cargo que los admita.
Tampoco les he transmitido mi opinión sobre el “Caso Marcano” según el cual amigos del Consejero de Cultura del Gobierno de Cantabria se han podido beneficiar del puesto de su colega para recibir concesiones públicas o realizar obras en alguna infraestructura de nuestra región.
Y no crean que le vaya a dedicar mucho tiempo al tema que copa la información política de nuestro país. Esa trama de Benidorm que ha apeado al Partido Popular de la Alcaldía gracias a un concejal tránsfuga que militaba en sus filas y que se ha aliado con los del PSOE. Concejales socialistas entre los cuales había una que no pasa desapercibida en el panorama político por el parentesco que tiene con la número tres del partido. La madre de Leire Pajín, Maite Iraola, le ha ahorrado a su hija el trago de expulsarla del partido dándose de baja del PSOE valenciano poniendo como pretexto a esta moción de censura que ponen por encima los intereses de la meca turística de la Costa Blanca que las siglas de un partido político. Ahora imagínenme con los dedos en círculo, sobre mis labios y sacando la lengua. ¡Prrrrr! Una chufla. No se lo cree nadie. Hay mucho detrás de la familia Pajín Iraola, son uno de los grandes pilares del socialismo valenciano y han ocupado cargos importantes durante años. Pero nunca han podido derribar a Eduardo Zaplana primero, y a Francisco Camps ahora. Se han saltado el “Pacto Antitransfugismo” por el forro, pero en otras localidades también lo ha hecho del PP ó CiU ó el Partido Andalucista… Es decir, un acuerdo entre los partidos políticos que ni ellos se toman en serio. Si quieren más información no tienen más que leer los periódicos estos días y darse cuenta de los escenarios que hay detrás de esta moción y de que realmente Leire Pajín tiene un peso importante en esta decisión. Yo no le voy a dedicar más tiempo ya que casos como estos existen en todos lados. Pero quizás tan llamativo, ninguno.
Lo dicho, que lo de pasar por alto los acuerdos políticos está a la orden del día. Al igual que lo de “bajarse los pantalones”. Práctica que, a excepción de una situación que muy pocos conocen, yo nunca haría. Esto se suele producir cuando alguien la pifia y tiene que dar su brazo a torcer y le cuesta hacerlo. ¡Anda que no me cuesta a mí dar mi brazo a torcer! O cuando tiene que tragar con algo que no acepta y hace como si nada ocurriese. En nuestra sociedad y en la política también es rutinario. Hay gente totalmente coherente y con unos principios inquebrantables que ninguna situación le puede hacer tambalearse. Pero hay otro tipo de personas, entre los que incluiré a algún político, que raya el lindero de la mala educación: por su actitud de prepotencia, por su manía de no dejarse aconsejar o por pensar que todo aquello que obra lo hace de manera perfecta. Ese tipo de gente que no te saluda y eres tú el que tienes que darte a conocer. Ese insigne que se hace fuerte en su palacio vacío de apoyos y se sostiene argumentando quién es su padrino. Aquellos que van contracorriente cuando es un clamor que viaja en el camino equivocado. Ese que promete hasta vencer y luego se olvida de que le diste su apoyo. Seguro que conocen algún caso, y yo también. Esa es la gente que me desilusiona y frente a la cual nunca ni me bajaré los pantalones ni realizaré actos de cinismo que les promocionen políticamente, que les haga apuntarse el tanto cuando no han demostrado ni una pizca de interés por esa acción que hacen suya. Es lo que tiene ser una persona con fundamentos indelebles.

A parte quedan aquellos que, además de todo lo anterior, realizan actos antidemocráticos y totalitarios hasta llegarse a creer que son auténticos seres sobrenaturales, Dioses, en los foros en los que gobierna. Hugo Chávez, Presidente de Venezuela ha estado de viaje oficial en España y su visita se ha convertido en el circo habitual que el mandatario representa en cada aparición pública. ZP, el Rey Juan Carlos, el presidente de Repsol son algunos de los cuales se han bajado los pantalones con la visita de este vil político. Acción que puedo llegar a entender ya que su país es rico en recursos interesantes y necesarios para España y sus empresas. Ha paseado al grito de “sinvergüenza” por las calles de Madrid, pero a él eso le da igual. Han cerrado la Casa del Libro para que realizase sus compras cómodamente acompañado por Antonio Brufau, de Repsol IPF. Es más, incluso ha hecho esperar al Rey llegando 30 minutos tarde. Pero ni Moncloa ni la Casa Real le ha dejado a solas con los periodistas. A pesar de todo es el mandatario de un país como Venezuela y se le tiene que recibir como a cualquier otro Presidente con todos los honores. Eso hay que entenderlo. Y la acción de bajarse los pantalones alguno lo hace encantado, con vaselina en mano, porque es provechoso para sus intereses. A este Chávez le apasiona autopromocionarse, pasear, dar la nota y que le aclamen; digno de cualquier mandatario totalitario. Hugo Chávez, de izquierdas. Berlusconi, con comportamientos de prepotencia y protagonismo parecidos, de derechas. Parece que tienen sus papeles cambiados. Por los dos el Gobierno ha tragado saliva sonriendo mientras que tenían que escuchar las sandeces que ambos han pronunciado esta semana.
Todo sea por la Patria, pensaría Zapatero. Todo sea por los votos, pensaría Montilla en la Diada catalana. Sus socios de gobierno, los de Iniciativa por Cataluña, incendiaron a cierta parte de la sociedad catalana y los motivaron para que silbasen y abuchearan a la cantante israelí Noa. Acto que se celebra todo 11 de septiembre y en el que siempre se repiten actos vomitivos en rechazo de las instituciones españolas, como intentar quemar retratos del Rey, o haciendo arder banderas españolas y francesas. Mientras Joan Laporta, ese presidente de fútbol cuya pasión es la política, se manifestaba junto al alcalde de Arenys de Munt, Carles Móra – éste merece un capítulo a parte – por la independencia del Cataluña. Otro circo.
Como ven, entre todos estos no hay buenos, solo “menos malos”. He hecho una mezcla de personas criticadas, y ninguna tiene relación en cuanto a siglas políticas. También existen gérmenes políticos, aquellos de los cuales todos conocemos alguno y se asemejan con las características que más arriba les he descrito. ¿Y qué conclusión sacan? Yo me quedo sin moraleja esta semana, sin conclusión y sin una idea que englobe todo esto que les he transmitido. Quizás nada tenga relación entre sí pero me he quedado más ancho que alto. Pero si quiero detenerme en que mientras existan gérmenes en política, yo no alternaré con ellos. No por si me contagio, ya que tengo altas mis defensas (con o sin L. Casei inmunitas). Si no porque el descaro y el atrevimiento precoz, no van conmigo.
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