
Las arcas públicas están más vacías que la grada de un polideportivo en un concierto de Rosa. Y las cajas de los ayuntamientos tampoco se salvan de esta gripe de liquidez. Todo esto conlleva que las empresas concesionarias de servicios públicos o que prestan asistencia a los municipios de España tiemblen cada vez que se acerca el vencimiento de un cobro con miedo a no recibirlo.
Quizás los gastos desmesurados durante una época de bonanza económica avivados por unos altos ingresos gracias a las licencias de construcción y el aumento de servicios prestados a una población urbana en auge, han hecho que las telarañas sean lo más vistoso en las cuentas bancarias municipales.
Pero los ayuntamientos no sólo soportan impagos hacia sus proveedores, si no que también los ciudadanos mantenemos deudas con las administraciones locales. Es el caso de Torrelavega a la cual la crisis la azota de forma intensa visto en que las iniciativas municipales en forma de construcciones y rejuvenecimiento de la ciudad vienen desde administraciones superiores con ayudas o subvenciones regionales o nacionales como el PlanE, que sirvió para limpiar, sin éxito, la cara a una ciudad muy oscura en cuanto a ambiente, dinamismo y empleo. Barrios que se están convirtiendo en marginales, suciedad en las calles, unos comerciantes ahogados por la falta de ventas que dejan calles desérticas de servicios y unos regidores municipales faltos de capacidad e ideas para hacer rejuvenecer a un municipio a la cabeza de la industria de Cantabria.
Visto esto, el Ayuntamiento de Torrelavega ha decidido publicar en el Boletín Oficial de Cantabria (BOC) un listado de empresas y ciudadanos de la ciudad que tienen deudas pendientes con la administración local. Son alrededor de 4.000 los afectados en concepto de multas, tasas e impuestos referidos a los años 2009 y 2010. No hay cifras totales de la reclamación aunque, como cuenta EFE:
Las deudas mínimas oscilan entre los 7,15 euros que se reclaman a varios ciudadanos por el impago de la llamada "contribución de rústica" y los 11,23 euros que se exigen por deudas del impuesto de circulación de varios ciclomotores.
Por su parte, la deuda más alta asciende a 1.922 euros que se le reclaman a la comunidad de propietarios del número 3 de la calle José Luis Hidalgo, como consecuencia del impago del suministro de aguas durante 2010.
He de confesar que he echado un vistazo a ese listado buscando a familiares o conocidos por si la flauta sonaba y para estar atento para presentar alegaciones, ya que existe un plazo de 15 días para ello. Es correcto, no aparezco. Aunque sí empresas conocidas de la ciudad que, por ejemplo, adeudan más de 1.000 € en concepto de agua como un conocido restaurante de las afueras de la ciudad. Constructoras, Asociaciones de Vecinos, Comunidades de Propietarios y, otros ciudadanos con nombres y apellidos, que el Ayuntamiento ha decidido plasmar en el BOC para que tengan conocimiento de ello.
A alguno de los que ahí aparece le habrá sentado como una patada en el estómago, más aún al hacerse eco de ello los medios regionales y muchos curiosos hemos acudido al BOC cuando normalmente no lo miramos. ¿Cómo ahora se atreven a apuntar a los “vecinos morosos” y no publican las deudas que ellos mantienen con empresas prestadoras de servicios? Si somos críticos cuando hablamos de las deudas municipales, debemos ser conscientes de que los ayuntamientos también soportan a morosos que hacen endebles las arcas y argumentan la necesidad de reclamación pública para que el sujeto se dé por aludido y haga frente a su obligación de pago. Pero para criticar la mierda del vecino primero cada cerdo debe limpiar su piara. Ambas deudas perjudican a los ciudadanos al ver que los proyectos no se ponen en funcionamiento por falta de liquidez o sembrando alteraciones entre los propios funcionarios al ver que pueden no cobrar su salario mensual.
Dicho lo cual, el arrebato de publicar nombres y apellidos con cifras cuando se acercan unas elecciones, ¿es una medida desesperada para que los ciudadanos se acusen de morosos entre ellos? Vamos, una cortina de humo para no ver el nefasto trabajo de un equipo de gobierno que, legislatura tras legislatura, sigue gobernando sin encontrar explicación científica para ello. Me recuerda a las declaraciones de Pajín animando a los que no fuman de chivarse de los fumadores que quebrantan las leyes. Hagamos que los ciudadanos se peguen entre ellos mientras disimulamos nuestras carencias.
No puedo ser cauto y ver normal que se haga público un dato así cuando tengo en mi mente los compromisos de pago que los ayuntamientos no hacen efectivos y dejan a empresas y autónomos con una mano delante y otra detrás. ¿Cuántas sociedades están declarándose insolventes porque no son capaces de mantener el empleo al soportar deudas millonarias municipales? Quizás deberían éstas hacer también públicos los saldos atrasados de las administraciones para que los ciudadanos tengamos igualdad de información. Y ahí sí que tendríamos que plantarnos nosotros, los ciudadanos, a los políticos que han dejan al borde de la quiebra los ayuntamientos. La prepotencia pública me corroe, más cuando éstos políticos de Torrelavega tienen mucho que callar tras una gestión patética que no consigue revivir una ciudad que ha sido la cuna de la industria y el comercio. Ahora va a parecer que los culpables de dejar los consistorios en el precipicio económico somos los ciudadanos. Y en cierta manera sí, ya que nosotros los pusimos ahí.
Entre todos podríamos sanear estos balances siendo responsables y no actuando por despecho o tomando la posición de gobierno como una dominación sobre la sociedad torrelaveguense. La situación política de la ciudad es un circo donde sobran los payasos (que son mayoría) y son necesarios malabaristas que implanten proyectos, ideas y den sensación de confianza para que el comercio se recupere y dejemos de tener la comarca con más tasa de desempleo de Cantabria. ¿Dónde están esos malabaristas? ¿En la oposición? Si los encuentran avísenme, que permanezco en la búsqueda.
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