Mi madre está enferma. Un problema de espalda la impide trabajar en su negocio. Está de baja desde hace 14 semanas, pero eso no la alivia de los dolores que padece. Día tras día sufre para poder levantarse y ponerse derecha y ni siquiera puede realizar las tareas del hogar. Las noches se hacen interminables, y los dolores no cesan. Mi padre y yo sufrimos con ella porque no podemos verla sufrir, por eso la ayudamos y nos hacemos cargo del trabajo que ella realizaba.Ella es fuerte, no se queja. Lo único que pide es que sus dolores desaparezcan y pueda volver a ser la que siempre ha sido: una mujer activa, que no era capaz de estar sentada más de 10 minutos seguidos. Pero los problemas que acarrea en su espalda la tienen sumida en una tristeza permanente.
Ella es trabajadora autónoma, tiene su propia empresa y no puede echar el cierre. Por ello mi padre y yo hacemos su trabajo. Paga más de 493 € mensuales de cotizaciones a la seguridad social para, cuando se jubile, poder tener una pensión “digna” y en proporción a todo lo que ha trabajado desde que era una cría. Está cobrando una cuota mensual por estar de baja que no cubre ni su trabajo y, ni siquiera, los dolores que su enfermad la produce.
Su médico de cabecera la firmó la baja por incapacidad temporal. La dieron cita para un traumatólogo del Servicio Cántabro de Salud, para lo que tardaron unas 3 semanas. Dicho médico la dijo que era necesario hacerla un escáner. Y, hasta hace un par de semanas, no tuvo noticias sobre su cita para realizársele.
En esa espera, una empresa externa de la Seguridad Social la llama para someterla a una revisión y comprobar que, de verdad, está enferma. Una doctora, que no se había levantado con el pie derecho de la cama, la examinó y comprobó que, ciertamente, tenía problemas de espalda. Eso si, tenían que estar ellas dos a solas. Mi padre, tuvo que esperar afuera. Pero para la facultativa, la enfermedad de mi madre no era nada grave. Mi madre la explicó los dolores que tenía, las posturas que no podía coger y el duro trabajo que ahora no puede llevar a cabo. ¿Y qué quiere usted si tiene 56 años? Esa fue la respuesta de dicha médico frente a las explicaciones de mi madre. La única solución, realizar un escáner. Ese examen que ya le mandó el traumatólogo de Sierrallana pero al que no la acaban de citar.
Dos días después de dicha revisión por parte de la médico déspota, una clínica privada de Santander la cita la próxima semana para realizarla el escáner. Ya saben, hay que pagarla por estar de baja y el tiempo apremia. Y allí fue. Unas enfermeras agradables y profesionales la realizaron el examen, la trataron atentamente y la ayudaron a levantarse ya que mi madre sola no podía. Recibió los resultados. Un estudio detallado que su médico de cabecera se asustó al ver de lo preciso e interesante que era. Mi madre no tiene una enfermedad normal. Su espalda es para estudiarla atentamente. Si su problema fuese hernia de disco, llevaría tratamiento pero el diagnóstico es algo más complicado y difícil de tratar. Se tiene que acostumbrar, de momento, a vivir así.
Analgésicos, paracetamol, pastillas… la alivian los dolores, pero durante unas pocas horas. Hay noches enteras que no pega ojo. Con los resultados en la mano, volvió al traumatólogo de Sierrallana. Muy atento aconsejó a mi madre que realizase una rehabilitación específica para su problema. “Abajo, en el mostrador, te darán cita para el fisioterapeuta”. Hagan sus apuestas, ¿para qué fecha la han dado cita? ¡11 de septiembre! Es decir, mi madre tiene que estar sin un tratamiento con el cual note alguna mejoría hasta el mes de septiembre.
Vuelven a citarla donde esa simpática médico (medica diría Bibiana Aído). Todo hay que decirlo, se notó mas comprensiva. No se mofó de la edad de mi madre. Eso sí, la dijo que la aguantaba un mes más de baja, que así no podría estar siempre. Y que la rehabilitación la haría por su cuenta si quiere comenzar a mejorar. Es decir, mi madre está pagando 493 € para que tenga que buscarse por su cuenta un fisioterapeuta privado que la ayude a mejorar porque el Servicio Cántabro de Salud está colapsado hasta el mes de septiembre. Más claro se lo voy a decir. Mi madre tiene que joderse y pagar a un médico privado si quiere aliviar sus dolores y poder volver a trabajar.
No se si se dan cuenta, pero esta es la realidad de los autónomos de nuestro país. Estos trabajadores autónomos que todos los políticos y empresarios “apoyan” pero que se quedan con sus partes al aire cuando necesitan ayuda. ¿De qué sirve pagar 493 € al mes? ¿Para tener una pensión en un futuro que tampoco es nada boyante? Más concretamente, ¿para qué quiere mi madre cobrar un subsidio por enfermedad temporal si el sistema sanitario no la puede curar? Enferma como está, la darán el alta mientras realiza la rehabilitación por su cuenta pero seguirá sin poder trabajar. Se gastará decenas de € en su cura por vía privada porque si aguanta hasta septiembre se muere de dolores.
¿Quién la dice a mi madre que el sistema de la seguridad social de España es envidiado por otros países? ¿Cómo la hago entender que la sanidad gratuita de nuestro país es un gran logro? Qué más la da si para curarse tiene que acudir a un médico de pago. ¿Quién entiende que un enfermo tenga que esperar 3 meses para que la indiquen qué rehabilitación ha de hacer? Y hasta entonces, la darán el alta porque es una carga para la Seguridad Social, una enferma a la cual pagar.
Se que hay casos mucho más llamativos y más preocupantes que el de mi madre, pero deben de entender que se trata de ella y me estremezco. Porque cada día la veo peor y semana tras semana está más desanimada. Porque la oigo quejarse cada vez que se agacha. Porque sufre cada vez que se levanta tras estar sentada. Porque creo es injusto lo que la está ocurriendo. Y porque aquellos que pueden ayudarla, tardarán mucho tiempo en hacerlo. Mientras tanto mamá, ojalá esto sirva para volver a verte sonreír: papá y yo nunca te dejaremos caer.






